29 de Mayo de 2014



CIENCIA: DICEN QUE LA CAUSA FUE EL SATURNISMO, Y NO LA SIFILIS
http://old.clarin.com/diario/2000/10/19/s-03705.htm / Jueves 19 de octubre de 2000

El análisis de mechones de cabellos del compositor reveló la presencia de una gran cantidad de plomo.

A casi dos siglos de la muerte de Ludwig van Beethoven, un grupo de científicos estadounidenses asegura que el genial compositor alemán murió por una severa y prolongada intoxicación con plomo, y no de sífilis como se creyó siempre.

La conclusión de los investigadores del Argonne National Laboratory de Illinois y del Instituto de Investigaciones McCrone de Chicago llegó después de cuatro años de estudiar ocho mechones de cabellos que les fueron cortados a Beethoven inmediatamente después de su muerte, en 1827. Los resultados de los análisis mostraron que la concentración de plomo era cien veces mayor que la habitual.

Esta información fue publicada el martes a la noche en la página web que tiene el Instituto de Estudios Beethovianos de la Universidad de San José: www.sjsu.edu/depts/beethoven.
Análisis de rayos X, trazas de metal y pruebas de ADN realizadas en los cabellos develaron que Beethoven sufría la enfermedad conocida como "plumbismo" o "saturnismo", lo que provocó su muerte el 26 de marzo de 1827.

Los investigadores aseguran también que esta concentración de plomo en el cuerpo causa irritabilidad en la personalidad, y que en determinados casos puede provocar hasta sordera.

Desde que cumplió los 20 años, el músico alemán se hizo famoso no sólo por sus geniales obras, sino también por sus bruscos cambios de humor y sus constantes dolencias.

Depresión, irritabilidad, problemas digestivos, dolores abdominales crónicos: los síntomas que presentaba Beethoven eran perfectamente compatibles con la intoxicación por plomo.

El cabello delator

El músico murió a los 56 años torturado por terribles dolores en todo el cuerpo. Y enseguida se dijo que la causa de sus sufrimientos era la sífilis, una enfermedad muy común por aquel entonces.

Sin embargo, en las muestras no se encontró una sustancial cantidad de mercurio (el componente que se utilizaba en el tratamiento de la sífilis), y en cambio se reveló una altísima concentración de plomo.

Los cabellos rizados de Beethoven son el centro de una curiosa historia aparte. Fueron cortados un día después de su muerte por un admirador, el joven músico Ferdinand Hiller. En una subasta que se hizo en 1994 en la sucursal de Sotheby''s de Londres, fueron vendidos por 7.300 dólares. Sus nuevos dueños, los coleccionistas Ira Brilliant y Alfredo Guevara, ofrecieron los cabellos para la investigación. Años después, al margen de la idolatría, sirven para reescribir la biografía del gran compositor.

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La histórica composición de Ludwig van Beethoven es la primera pieza de música incluida en el patrimonio universal. Su partitura se encuentra casi completa en la Biblioteca Estatal de Berlín.

BERLIN
La partitura original de la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, que se conserva casi completa en la Biblioteca Estatal de Berlín, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Es la primera vez que el organismo internacional incluye una obra musical en este registro.
El director de la biblioteca, Graham Jeffcoate, anunció ayer que el 12 de enero recibirá el diploma que acredita la inscripción del manuscrito en el registro "Memoria del Mundo". Lo recibirá de manos la vicepresidenta de la comisión alemana de la UNESCO, Verena Metze Mangold, en un acto a realizarse en la Casa de Conciertos del Gendarmenmark. Después, la Orquesta Filarmónica de las Naciones, dirigida por Justus Franz, interpretará la obra.
La partitura original de la última sinfonía de Beethoven es uno de los manuscritos más valiosos de la colección musical de la Biblioteca Estatal de Berlín. Tiene alrededor de 200 páginas y es su sinfonía más larga.
Otras dos páginas se encuentran en la casa-museo de Beethoven en Bonn, donde nació el 16 de diciembre de 1770. Y otras tres páginas se hallan en la Biblioteca Nacional de París.
Beethoven ya estaba sumergido en la sordera cuando compuso la Novena Sinfonía —también llamada Coral— entre 1822 y 1824. Pero llevaba varios años amasando los conceptos que definen la obra. Fue la primera sinfonía en la historia que incluyó la voz humana: soprano, mezzosoprano, tenor y bajo solistas, y coro mixto.
Ya en 1792 había pensado ponerle música a la Oda a la alegría, del poeta alemán Friedrich Schiller, y el tema de ese movimiento —el cuarto y último, el único con voces— se le ocurrió en 1795. Para 1807 tenía la idea de componer una sinfonía con un final instrumental y vocal. Esbozó el primer movimiento diez años después, pero recién lo desarrolló, junto con los dos siguientes, entre 1822 y 1823.

La obra, dirigida por Ignaz Umlauf, fue estrenada a sala llena en el Teatro Kärtnertor de Viena el 7 de mayo de 1824, en un concierto donde también se interpretó la obertura La consagración de la casa y fragmentos de la Misa Solemnis.
Durante la ejecución de la sinfonía, el compositor se mantuvo sentado junto al director, dando vuelta las páginas de su partitura y marcando el compás para una orquesta a la que no podía oír. Dos años antes, Umlauf había presenciado cómo Beethoven intentaba conducir un ensayo con vestuario de su ópera Fidelio, que terminó en desastre; y esta vez instruyó a los instrumentistas y a los solistas para que no le hicieran caso.
El éxito fue grandioso. Sentado de espaldas a la sala, Beethoven no veía ni oía nada. Hasta que la soprano Caroline Unger lo hizo incorporar y girar, para que viera al público gritando y agitando pañuelos. Pero los costos de la ejecución eran tan altos, que no obtuvo ganancias. Una segunda función, a media sala, sólo dejó pérdidas.
Eran sus últimos años (murió en 1827), y los quebrantos de salud se acumulaban sobre los económicos.
Desaliñado y más malhumorado que nunca por la sordera, había alcanzado la fuerza de voluntad para componer una exaltación a la vida. Por entonces escribió: "Soy el Baco que produce el vino glorioso para la humanidad. Cualquiera que comprenda realmente mi música, será liberado de todas las miserias que lo oprimen".

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25 de Marzo de 2014



Imagen: theunboundedspirit.com
NEUROCIENCIAS
POR ROBERT J. ZATORRE Y VALORIE N. SALIMPOOR / THE NEW YORK TIMES Y CLARÍN

Produce la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con el placer. Qué pasa en el cerebro cuando alguien escucha música nueva y decide comprarla. Clarín 12/06/13

La música no es algo tangible. No se la puede comer ni beber. No nos protege de la lluvia ni del viento ni del frío. No derrota a los depredadores ni sana huesos fracturados. Sin embargo, los seres humanos siempre han valorado y amado la música.
En la actualidad, gastamos grandes sumas de dinero en asistir a conciertos, bajar archivos de música, tocar instrumentos y escuchar a nuestros artistas favoritos. Pero hasta en el Paleolítico la gente invertía mucho tiempo y esfuerzo en crear música, como sugiere el descubrimiento de flautas hechas con huesos de animales.
¿Por qué esa "cosa” incorpórea tiene tanto valor? La neurociencia empieza a ofrecer algunas respuestas.
Hace más de diez años, nuestro equipo de investigación usó tomografías cerebrales para demostrar que la música que la gente describía como muy emotiva comprometía el sistema de gratificación del cerebro mediante la activación de núcleos subcorticales de importancia en la gratificación, la motivación y la emoción. Descubrimos luego que escuchar lo que podría calificarse de “momentos (musicales) de mayor emotividad” –esos momentos en que se siente un “escalofrío” de placer ante un pasaje musical- produce la liberación del neutransmisor dopamina.
Un estímulo natural
Cuando se escucha música placentera, se libera dopamina en el cuerpo estriado –una antigua parte del cerebro que también está presente en otros vertebrados-, que responde a estímulos gratificantes naturales como la comida y el sexo y al que apuntan de forma artificial drogas como la cocaína y las anfetaminas.
Pero lo que podría resultar más interesante es cuándo se libera ese neurotransmisor: no sólo cuando la música alcanza un pico de emoción, sino también varios segundos antes, durante lo que podría llamarse la fase de anticipación.
La idea de que la gratificación se relaciona en parte con la anticipación (o la predicción de un resultado deseado) tiene una larga historia en neurociencia. Hacer buenas predicciones sobre el resultado de los propios actos parecería ser esencial en el contexto de la supervivencia. Las neuronas de la dopamina, tanto en los seres humanos como en otros animales, desempeñan un papel en el registro de qué predicciones terminan por ser las correctas.
El estudio
A los efectos de analizar la forma en que la música compromete el sistema de gratificación del cerebro, creamos un estudio destinado a imitar la compra de música online. Nuestro objetivo era determinar qué pasa en el cerebro cuando alguien escucha música nueva y decide que le gusta lo suficiente para comprarla. Utilizamos programas de recomendación de música para personalizar las selecciones de preferencias de nuestros oyentes, que resultaron ser música electrónica e independiente. Determinamos que la actividad nerviosa en el interior del cuerpo estriado –la estructura relacionada con la gratificaciónera directamente proporcional a la cantidad de dinero que la gente estaba dispuesta a gastar.
Pero aun más interesante fue el diálogo entre esa estructura y la corteza auditiva, que también aumentó en el caso de los temas que se terminó por comprar en comparación con aquellos que no se adquirieron.
¿Por qué la corteza auditiva? Hace unos cincuenta años, Wilder Penfield, el famoso neurocirujano y fundador del Instituto Neurológico de Montreal, informó que cuando los pacientes recibían estimulación eléctrica en la corteza auditiva mientras estaban despiertos, a veces decían que escuchaban música. Las observaciones de Penfield, así como las de muchos otros, sugieren que es probable que la información musical esté representada en esas regiones del cerebro.
De sólo pensarlo...
La corteza auditiva también se muestra activa cuando imaginamos un tema. Pensemos en las primeras cuatro notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven: ¡la corteza entra en actividad! Esa capacidad nos permite no sólo experimentar la música aunque ésta se encuentre ausente, sino también inventar nuevas composiciones e imaginar cómo podría sonar un tema con un tiempo o una instrumentación diferentes.
También sabemos que esas zonas del cerebro cifran las relaciones abstractas entre sonidos, como por ejemplo el patrón de sonido específico que hace que un acorde mayor sea mayor independientemente de la clave o el instrumento. Otros estudios muestran reacciones nerviosas específicas de regiones similares cuando se produce una pausa inesperada en un patrón repetitivo de sonido o en una progresión de acordes. Es similar a lo que pasa si se escucha a alguien tocar una nota en falso, algo que se advierte con facilidad incluso si se trata de una pieza musical que no nos es familiar.
Esos circuitos de la corteza nos permiten hacer predicciones respecto de acontecimientos inminentes sobre la base de hechos pasados. Se estima que acumulan información musical en el transcurso de la vida y crean modelos de regularidades estadísticas presentes en la música de nuestra cultura, permitiéndonos así entender la música que escuchamos en relación con las representaciones mentales almacenadas de la música que hemos escuchado.
Compositores e intérpretes lo entienden de manera intuitiva: manipulan esos mecanismos de predicción para brindarnos lo que queremos o para sorprendernos, tal vez hasta con algo mejor.
Traducción de Joaquín Ibarburu

* Robert J. Zatorre es profesor de neurociencia del Instituto y Hospital Neurológico de Montreal de la Universidad McGill. La neurocientífica Valorie N. Salimpoor hace un posdoctorado en el Instituto de Investigaciones Rotman de Ciencias de la Salud de Baycrest en Toronto.

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